Dependencia emocional
El ser humano como ser social, por naturaleza no puede crecer y sobrevivir sin la vinculación. Primero totalmente dependiente, después a lo largo de su precoso evolutivo de crecimiento, desvinculándose progresivamente del otro parental. Este es el proceso natural y por ello sano de crecimiento personal. Cuando este proceso es complejo o traumático, deviene una dificultad de autonomía personal que hace que la persona dependa, ósea penda “pendere” (colgar), cuelgue de otra. La libertad personal esta amenazada. En el proceso adolescente del conocimiento del otro, en este juego difícil de aprendizaje del otro, se produce también un aprendizaje de nuevo de la vinculación. “se trata de una relación simbiótica: la fruta vive y se nutre del árbol. Separada del árbol teme o imagina morir y por eso se agarra desesperadamente a él, aunque le este envenenado o margando la vida. Este árbol, real o imaginariamente a través de sus propias proyecciones , colma sus déficits de seguridad, estima, reconocimiento, compañía, sexo, cariño, afecto, saber, ser, poder, le pueden ligar a él también relaciones de culpabilidad, deuda, fidelidad, u otras de tipo heteronómico” ( M.Villegas)
Los daños de dicha posición socionómica puede ser devastadores, por el otro se pierde la vida, los hijos. El ser no existe sino reflejo del otro, como la luna del sol. Victimas de abuso sexual y moral, celotipias, parejas descompensadas, familias desestructuradas, enfermedades psicosomáticas, depresión, ansiedad. No se ha aprendido a amar, sin autoestima no hay amor. No existe una taxonomía oficial para la categoría de dependencia emocional. Castelló (2006) propone como criterios indicadores los siguientes. Búsqueda continúa de relaciones de pareja. Necesidad excesiva del otro: acoso constante, elección frecuente de parejas egoístas idealizadas, subordinación a la pareja, prioridad de la pareja sobre otras cosas, miedo a la ruptura, baja autoestima, miedo o intolerancia a la soledad, necesidad excesiva de agradar.
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